domingo, 7 de agosto de 2016

Por si tenia el pendiente

Te extraño, por si tenía el pendiente, pero estoy siguiendo mi vida, por si tenía el pendiente.
El duelo es un demonio interno, un infierno con el que nos topamos sin importar el uso horario o el estado en que nos encontremos.
En sueños le continúo abrazando, escuchando su voz, a esa Bianca en sus manos, y recostada en su pecho el corazón sigue sin escucharse por el continuo sonido que sólo su estómago hace sin importar tenga alimento o no, su barba sigue desaliñada y mirándole a los ojos recibo sus abrazos, su olor y su silencio sigue inmerso en mil cosas, entre ellas seguro sigue sin terminar de armar alguno de los cubos que no son cubos. Desde la puerta de entrada le grito por su nombre y le digo “le quiero”, y usted sólo es para contestarme desde la silla frente al computador “pensé que jamás llegaría”. No se preocupe, llegaré en el próximo sueño, ahí quedó el contrato de alquiler, por si tenía el pendiente.

En la realidad ya no está, el whatsapp no para de sonar y ya no es usted, ni el emperador de Japón, ni aquél pirata que propuso saquear mi botín, no son las fotos de sus bebidas de cafeína caducas, ni de las moras que crecen junto al edificio de su oficina, o de usted posando frente a algún espejo con la playera de los originales 150 pokemones o la camisa negra que se le ve tan bien. Ya no recibo quejas por pésima música a las afueras de su recinto laboral, no sé qué compró en el lugar de las chinches, ni me entero de anécdotas del mal del puerco, y menos de los döner que se han vuelto sus tacos más cercanos. No está, y está bien, por si tenía el pendiente.

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