domingo, 16 de febrero de 2020

B, siempre hay un lado B

Para los que saben y para los que no, considero que vivir es una responsabilidad  mayor de la que a veces nos damos cuenta, hace un año apoyé a una amiga que admiro y aprecio mucho para un texto sobre el cáncer infantil.
Estoy consciente que tengo muchas cosas atoradas y que no he trabajado, inclusive poco más de 20 años después, una de éstas brotó en nudo que traigo atorado desde hace un par de días.
Regularmente me hacen burla porque todo me estresa, y es que tengo esa ‘necesidad’ de que las personas que me importan ‘reconozcan’ mi trabajo, les guste, valga la pena, haga una diferencia, sirva, o algo por el estilo; y en general quiero hacer bien las cosas, me gusta pensar que puedo ser una diferencia, que puedo aportar cosas buenas a mi entorno.
Como le dije a Darinka hace un año, “a veces me da más ansiedad vivir que morir, porque si vives es para hacer las cosas bien”.
Desde antes que brotara el nudo que les compartiré en las siguientes líneas, la verdad es que llevo un par de años bien confundida en varios aspectos de mi vida, que sé debo trabajar antes de que me vuelva a explotar la bomba en las manos.
Hace unos días me contaron que un conocido, al que nombraré aquí como B, le ‘regresó’ el cáncer y ya está desahuciado. Su tumor es un astrocitoma talámico, una mutación celular que se da en el cerebro y desde siempre fue inoperable, pero se redujo el tamaño y entró en ‘remisión’ por un tiempo. 
A B lo conocí porque es amigo de un amigo, nos veíamos en fiestas, cuando le detectaron el tumor un día me atreví y le escribí que yo había pasado por una situación parecida de niña.
Comenzamos a charlar, me contaba su experiencia, yo la mía, coincidimos que claramente no es lo mismo a los 9 que a los 20 y tantos años; que el 98 vs el 2014 aunque mucha biotecnología y ciencia, los tratamientos seguían siendo del mismo estilo.
Nos veíamos para platicar, ver películas en su casa o en mi casa, íbamos al cine, fuimos al desfile de alebrijes, y cada que podía cocinaba. De origen él estudió derecho, y laboraba en una rama que mis respetos, telecom, pero después de que redujeron el tamaño del tumor y entró en ‘remisión’, se fue tras lo que quería y se fue a España para profesionalizarse en la gastronomía.
Estaba chido y feliz por allá, nos escribimos esporádicamente, regresó para revisión y las cosas no fueron bien, quedamos en vernos para charlar.
Yo siempre ocupada o sin ánimo de socializar, le di largas, ya no me escribió y fue de sale bye, hace unos días me enteré que lleva meses mal.
Hoy caminando por Reforma recordé cuando nos veíamos para platicar y me sentí fatal, cuando te empieza a faltar el aire y solo quieres llorar. 
Me siento mal porque no sé si me quería contar algo y yo le di prioridad a otras cosas.
Me siento culpable porque yo hay días que me siento sin ánimo de vivir y estoy bien, y siento que estoy desperdiciando una oportunidad que es bien pinche valiosa, pero me aterra que tal vez esté haciendo las cosas mal; y no es justo, no es justo que él y muchos no la tengan, y yo sí, y lo estoy haciendo mal, es un peso, una responsabilidad que no sé cómo explicar.
Solo hoy por la tarde me cansé de sonreír y de tragarme mi ‘estoy bien’, porque no estoy bien, siento una ansiedad terrible de vivir y estarlo haciendo mal; porque regalar dulces, los abrazos, las buenas intenciones, no bastan para ayudar ni en esto de la lucha contra el cáncer, ni la lucha contra la violencia, porque lo de los feminicidios igual me tiene súper tronada. 

*Desde el tratamiento cuando me da ansiedad me rasco hasta sacarme sangre, con los años a se tic se sumó el arrancarme el cabello. 


Entradas anteriores sobre el cáncer y sus efectos colaterales en mi percepción del mundo:
Mi rabdomiosarcoma alveolar en números
Carta al cáncer 2014
Guardiana de sus sueños 2011
Libre de morir 2009
La absurda historia de una sobreviviente 1998-2007

2 comentarios:

Unknown dijo...

Se me llenaron los ojos de lágrimas al leerte porque siento esa misma ansiedad, la cual me lleva a querer ser no sólo perfecta sino también reconcida, lo que casi nunca sucede. Por qué. Porque no existe la perfección. Y mientras nos ahogamos en estrés nos perdemos la oportunidad de errar, de probar otros caminos, de hacer las cosas diferentes, de dar pasos relajados. De disfrutar el camino. Porque al final de qué vale todo sino disfrutamos nada.
Te abrazo Ale. Y deseo que aproveches la oportunidad que tienes no para ser perfecta ni para ser reconocida. Sino para ser feliz, amada. Y entregues todo ese amor que tienes dentro.

Daniel Almazán dijo...

Te lo he dicho en varias ocasiones y auqnue sólo te he visto una vez siempre te he expresado mi admiración por ti.
Neta, admiro el valor que tienes, la magia que te rodea y sobre todo la forma de acomodar las letras y palabras que pareciera que al verlas escucho tu voz en lugar de leerlas.
Te admiro también porque auqnue se que nada es fácil, veo en ti una gran forma de vivir y pedalear para sentir ese aire acariciando tu cara.
Admiro la forma en que te detienes en los detalles para externar cosas que no es necesario decir y que estorban o perturban.
Ale, gracia spor escribir y contar y ser.
Sólo te pido que te cuides mucho y no dejes de darle voz a las letras.
Gracias por tus enseñanzas.
Daniel Almazán