Te extraño, por si tenía el pendiente, pero estoy siguiendo
mi vida, por si tenía el pendiente.
El duelo es un demonio interno, un infierno con el que nos
topamos sin importar el uso horario o el estado en que nos encontremos.
En sueños le continúo abrazando, escuchando su voz, a esa
Bianca en sus manos, y recostada en su pecho el corazón sigue sin escucharse
por el continuo sonido que sólo su estómago hace sin importar tenga alimento o
no, su barba sigue desaliñada y mirándole a los ojos recibo sus
abrazos, su olor y su silencio sigue inmerso en mil cosas, entre ellas seguro
sigue sin terminar de armar alguno de los cubos que no son cubos. Desde la
puerta de entrada le grito por su nombre y le digo “le quiero”, y
usted sólo es para contestarme desde la silla frente al computador “pensé que
jamás llegaría”. No se preocupe, llegaré en el próximo sueño, ahí quedó el
contrato de alquiler, por si tenía el pendiente.
En la realidad ya no está, el whatsapp no para de sonar y ya
no es usted, ni el emperador de Japón, ni aquél pirata que propuso saquear mi
botín, no son las fotos de sus bebidas de cafeína caducas, ni de las moras que
crecen junto al edificio de su oficina, o de usted posando frente a algún espejo
con la playera de los originales 150 pokemones o la camisa negra que se le ve
tan bien. Ya no recibo quejas por pésima música a las afueras de su recinto
laboral, no sé qué compró en el lugar de las chinches, ni me entero de anécdotas
del mal del puerco, y menos de los döner que se han vuelto sus tacos más
cercanos. No está, y está bien, por si tenía el pendiente.


