Después de todo, el 13 de enero de 2004 cuando recibí mi
alta de oncología con firma de la doctora Rosas “ahora viene la bueno, vivir”,
esas fueron algunas de sus palabras y recomendaciones mientras yo a mis 15 años
veía, tocaba y analizaba la cicatriz del antebrazo derecho marcada por un
rabdomiosarcoma al veolar.
Pensaba que lo peor había sido gran parte de lo que
transcurrió del 98 a esa fecha, el destino tenía bastantes sorpresas y
revelaciones camino delante.
Desde septiembre comencé a entrar a sentir ese sentimiento
de miedo, me encerré en el caparazón y el exterior colapso; tras tres semanas
de llanto incontenible paré en el psiquiatra, algo que tenía que haber hecho
desde hace tiempo, pero en fin, el diagnóstico fue una depresiva pasiva, es
decir, llevo deprimida toda mi vida, con toques de muerte, inseguridad,
abandono y rechazo.
Hace unos años cuando decidí darme una vuelta por el
hospital que me vio crecer principalmente en el umbral del dolor, Ale una de
las enfermeras me dijo "tú mejor que nadie sabe lo que es luchar por
vivir, por estar aquí, no te dejes vencer por nada, por nadie, sigue adelante
como lo has hecho, que nadie te detenga...", mi cabello era azul, por una
transformación tras la segunda partida de madre al sistema nervioso, dígase
corazón.
Veo a mi alrededor, hay dos perros y una gata que me
necesitan, me aman de manera incondicional; en el exterior, entiéndase como
vida social, un trabajo que me gusta y amigos, claro.
No tengo la peor vida del mundo, es simplemente que ahorita,
en este momento emocional y espacial no sé que hacer con ella, con lo que
siento, todo se puede colorear con una sonrisa, lo he hecho, pero más que eso,
creo que es momento de enfrentar lo que se tiene que poner cara, costal de box,
verlo de frente, poner alcohol a esas heridas hasta que cicatricen y sean sólo
una marca como el antebrazo derecho y el abdomen.
Pero ¿cómo lo hago? Es ahí donde me encuentro atorada.
Hace igual algunos años leí una columna que me cautivó “el
amor lo puede todo ¿no? ¿El amor es gratis? ¿El amor es la respuesta, porque el
amor lo es todo? Si alguien ha vivido el amor en esos términos juangabrielezcos
no me va a dejar mentir: el amor así es agotador. Esos términos tan
codependejos nos fascinan porque son como una estructura sólida que nos regala
todas las respuestas que nos da hueva replantearnos y nos mantiene embobados
para no hacernos responsables y obligados de todo lo que, con mente y cuerpo,
no queremos resolver para nosotros mismos.”
Y sí es agotador, es el momento de hacerme responsable con
mente y cuerpo de lo que no he resuelto de mi persona.
Rota, fragmentada, y ligeramente drogada por el medicamento,
hay camino porque hay vida.


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