Si me preguntan, llega un punto en que deja de doler o te acostumbras al cómo se siente, lo que suceda primero en la vida de una drama queen.
Veo que no he escrito en bastante tiempo, resumo el 2018 como un año de cambios y retos.
Inició con un viaje bien chido con una amiga a la que admiro y quiero más de lo que le expreso.
Después se me apareció una de esas historias que me gustan, me volví a dejar abrazar al dormir, pero hay libros que no son para mí, ni yo para ellos, y eso debo aprenderlo.
Se me presentó una oportunidad laboral por la que dejé lo que tal vez era mi zona de confort, la adaptación me costó más de lo que pensaba. Para poder tomar nuevas hojas debes dejar las anteriores y ya saben, soy bien aprensiva.
Agradezco con sus letras y nombres a Octavio Amador, Karina Hernández, Fhernando Franco, Constanza Grajeda, Erika Páez, Roberto Arteaga, Mara Echeverría, Axel Sánchez, Diana Nava, Rafael Mejía, Miriam Paredes, Héctor López alias Honcho, Gerardo y Nicté Menchaca porque me dieron las bases o les tocó terapearme para aventarme, confiar en mis conocimientos y retarme para ir por más.
Como toda acción de relevancia que tomo en mi vida, le pregunté al Universo, nunca se cansó de mostrarme que yo estaba protegida, que dejara de pensarlo, siempre estoy cuidada.
El resultado, varios me han expresado lo que he crecido en este poco más de un año y medio, y una vez más el Universo tenía razón y me ha cuidado.
Si de algo he tenido suerte es que he tenido jefes increíbles de los que siempre aprendo, -excepto de uno, pero de ese no se habla y se lo cargará el Me Too cuando le toque-.
Acá no fue la excepción, tuve la fortuna de poder aprender aunque fueran unos meses de la para mi increíble leyenda Jesús Ugarte, conocer a Karla Rodríguez que se ha convertido en una pacificadora y ordenadora para mi torbellino de ideas, y empaparme de las lluvias de ideas de Itzel Castañares y Pamela Ventura, sin dejar de lado una mención honorífica para Axel Sánchez, a quien desde mi kokoró he adoptado como el Leonardo de mi vida -el hermano guía de las tortugas Ninja-.
Ante la crisis de los medios, de México y lo que uno lee del mundo, me siento bien quebrada, perdida y frustrada, porque soy nadie para poder ayudar, y aprendo que hay cosas que no están en mis manos, que regalar dulces no soluciona todo, y que al final la lealtad es con el equipo y las personas.
Regularmente mis frases son “que nadie nos arrebate las sonrisas”, “hay camino porque hay vida”, “nadie ni nada puede ni debe dañar mi felicidad”, y esas frases me las he tatuado por ósmosis, no dormiré con ellas, pero las tengo escritas con plumón indeleble en el espejo que me veo todos los días, para recordarme que he tenido luchas peores, que “soy un ser de luz” porque todo indica que tengo una misión, “puedo sobrevivir a todo”.
Una exnovia (sí, tengo pánico a la palabra, pero la verdad es que eso fuimos), me dijo una vez “eres la persona que más he visto que realmente se esfuerza por ser feliz”, y la verdad es que sus palabras me dejaron un poco ‘choqueada’, todavía lo sigo analizando.
Le agradezco todo lo que ella y otro par de ex novios han querido cuidarme y una disculpa por aferrarme al “yo puedo sola, gracias”. Esa misma chica me taladró el sistema nervioso al decirme que desde años atrás que siempre me había visto con la necesidad de ser cuidada, porque vio fragilidad en mí. Me atrevería a decir que esa chica me observó por “tantos” años que me conocía mejor de lo que yo creía, y le agradezco por hacérmelo notar.
Y créanme, mantener una actitud positiva para un ser tan dramático como yo, suele ser verdaderamente una tarea titánica, porque tienes vida y eso se tiene que agradecer, pero cuando no sabes para qué tienes la vida, es un pedo.
No sé qué sería de mi sin los amigos hechos familia que han aprendido a reírse conmigo de mi humor negro, identificar que mientras más negro es mi chiste es que más me duele y más necesito llenarlo de color, porque sí, el negro es un color.
Así que una vez más, mi trabajo es mi amor y es mi relación, yo le dio y él me dará, no tengo tiempo para leer mentes, no tengo tiempo para las mentiras, no tengo tiempo para adivinar, no tengo tiempo para miedos ajenos, no tengo tiempo para que me rompan el corazón.
Lo mejor de 2019 es que conseguí llegar a uno de los lugares de mis sueños, Montauk, por la película ‘Eternal Sunshine of Spotless Mind’, el Universo siempre me pone en el tiempo y espacio que debe ser. Gracias Universo, gracias maestros, gracias Revoltijos de Viento.
Y por si fuera poco, también el Universo me llevó a Japón y China, de una forma maratónica, tras una conexión en el aeropuerto que nadie veía ya posible y se consiguió. Ahí me reencontré con una persona que podría necesitar apapachos del corazón y luz que a mí llegaron hace unos años, y conocí personas también increíbles.
La aventura no paró y también tuve la oportunidad estos dos años de conocer Seattle, donde 'filman' Grey's Anatomy, serie que aunque ya no me suele prender tanto no dejo de seguir, porque aprensiva.
Y por no dejar de menos porque no paramos de aprender, olfatear nuevos lugares y sonreír, también me tocó pisar Los Ángeles y Chicago.
Viene un buen 2020, y si no viene bien lo componemos, porque en esta vida, mi vida, la que manda soy yo. Y el Universo ya sabe que cada año mi número uno es cualquier cambio con amor, por favor.








